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En el Valle de Aibar, donde la memoria del viñedo seguía otros caminos, llegó una variedad que nadie había llamado: La Garnacha Blanca. No tenía pasado aquí, pero encontró su sitio.
Fue la intuición de un gran viticultor la que supo leer el paisaje: las laderas recortadas, la altitud exigente, la lluvia precisa y el viento que limpia el aire y seca, y ese frío permanente que afina la uva. Allí donde la orografía marca el ritmo y el clima decide con firmeza, la Garnacha Blanca halló su voz.
Hoy, en estas tierras altas, se expresa con precisión y elegancia, como si siempre hubiera esperado este lugar. Un vino nacido de la convicción y del conocimiento, que demuestra que algunas variedades no se heredan: se descubren.
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Añada: 2024
Subzona: Baja Montaña
Elaboración: Maceración en frio previa a la fermentación en depósitos de acero inoxidable.
Suelo: Terraza fluvial. Fertilidad media-baja y con rendimientos y producciones limitadas.
Sabias que la garnacha blanca es una mutación de la garnacha tinta, siendo una uva muy minoritaria en Navarra.